el resbalón de animalario
No coincido con todo lo que dice en el artículo ¡Qué bollo es ser progre! y no salí del teatro tan cabreada como él, pero comparto algunas críticas. Los discursitos sobran por redundantes y aleccionadores; las actuaciones de determinadas actrices chirrían por cargantes; y la duración del espectáculo es excesiva -podrían quitarle media hora-. Tampoco entiendo cómo se justifica el monólogo de la criada en defensa de la dignidad de ser mujer y la comida de narderras que le hace a su amo Pantalone. Geniales, sin embargo, son Javier Gutiérrez (Argelino / Arlequino) y Pepa Zaragoza (Esmeraldina / Colombina) en sus papeles de sirvientes de la clase burguesa, que somos todos nosotros. Ir a ver una obra de comedia del arte después de haber trabajado con Luciano, es una suerte, para entender los personajes, las situaciones y la estructura del montaje. La escenografía me encantó, con un mar hecho de plástico de envolver, las cuatro puertas del fondo, la tarima de madera. Sobre la adaptación de la obra no puedo hablar porque la original de Carlo Goldini no la conozco.
Total, a la compañía Animalario la mayoría de las cosas les salen muy bien, pero también pueden cagarla, como en este caso. A mí me gustaron muchas cosas, pero el conjunto... no sé, cuando llegó la hora de los aplausos me quedé fría, no tenía ganas de aplaudir. Por eso me sonaban fatal las ovaciones del público puesto en pie, me parecían exageradas. Y doy la razón a Luis cuando dice "Quillo, esto lo hace otra compañía y no se comen un carajo".








