la dictadura del patrocinio
¿Hasta dónde estamos dispuestos a vendernos?
Al mismo tiempo que da lustre a la empresa, el patrocinio rebaja todo lo que toca [...]. El acontecimiento deportivo, la obra de teatro, el concierto o el programa de televisión pública quedan subordinados a la promoción, porque en la mente del patrocinador y en su propio simbolismo existen para promocionar. Ya no se trata del arte por el arte, sino del arte por la publicidad. A los ojos del público, el arte queda separado de su dominio natural y teóricamente autónomo y se ubica simplemente en el ámbito comercial [...]. Siempre que lo comercial invade lo cultural se debilita la integridad de la esfera pública, a causa de la evidente usurpación que ejerce la promoción corporativa.Matthew P. McAllister "The Commercialization of American Culture"